martes, 17 de octubre de 2017

Vos allá, yo acá.

    Acostada, con las piernas cruzadas, miro el techo. Y pienso. ¿En qué pienso? ¿En vos? ¿En mí? Cuando cierro los ojos las ideas se entremezclan en mi cabeza. Ideas sin sentido. Ideas que me dan miedo. Otras, tristeza. Ideas que no son sólo más que creaciones propias."Ideas que vuelan pero que nunca aterrizan". ¿Por qué te pienso?¿Qué es lo que hace que te cruces con mis ideas a altas horas de la noche?¿Por qué siempre de noche? Es como si llegada a una cierta hora del día el aire cambiara, se vuelve melancolico, nos revuelve el alma. Ahí es cuando esas ideas empiezan a surgir. Las preguntas. Cuando me cuestiono todo. Cuando me acuerdo de todo. Cuando me doy cuenta de que el tiempo pasó volando, y de que a lo mejor yo, no lo aproveché demasiado.  Cuando intento encontrar las respuestas a todas mis preguntas. A las infinitas preguntas que rebotan en mi cabeza. Intento encontrar esas respuestas en vos. Con algo tan simple como una mirada, una sonrisa, un gesto, un saludo. Sin embargo no hay respuestas. Siempre fue así.
 ¿Fue el tiempo el que pasó volando o fuimos nosotros los que volamos sin llegar a ningún lugar? ¿Qué hubiera pasado si el instante en el que me fijé en vos se extinguiera? ¿Y si no nos encontrábamos en ese café, en ese abrazo? Decime. ¿Como sería mi vida ahora? ¿Cómo estaría mi corazón? ¿En qué pensaría cuando te miro, cuando te escucho hablar, cuando me voy a dormir, cuando me baño, cuando me siento sola? ¿Me sentiria sola? Entonces me doy cuenta de que podría decirte mil veces cómo me siento, compartirte mis ideas. Podría hacerte mil preguntas esperando respuestas que me hagan bien. Podría intentar olvidarme de todo, lo bueno y lo malo, lo que alguna vez me hizo llorar, lo que alguna vez me hizo reir. Podría decirte que el tiempo todo lo cura, y que todo lo que pasó, fue por algo. Podría escribirte mil canciones, con letras sin sentido pero con tanto significado. Podría fingir, actuar como si nada hubiera pasado, como si nada hubiera dolido, como si nunca te hubiera conocido. Podría escuchar las mismas canciones una y otra vez hasta el cansancio, sentarme en la ducha a llorar sin razón alguna, o con tantas razones como para ya no saber por cuál. Podría extrañarte en las noches de insomnio, bailar cuantas veces quiera una canción, fumar hasta que se me cansen los pulmones. Gritar y patalear. Arrepentirme. Enojarme conmigo misma. Con vos. Con el destino. Podría. Pero ¿de qué sirve? ¿Cuantas veces más voy a tener que patalear para entender que, no fue el destino, ni vos, ni yo? ¿De qué sirve buscar donde no hay nada, hablar donde no hay oídos, llorar donde no hay un hombro? ¿De qué sirve encontrar las respuestas ahora? Contame. ¿De qué sirve imaginarte dentro de las cuatro paredes de tu habitación? ¿De que sirve imaginarme qué pensaras cuando me miras, cuando alguien dice mi nombre, cuando te acordas de todo? ¿Hace falta que te diga cómo me siento, o vos también me imaginas? Entonces, decime, por favor. ¿De qué sirve encontrarte en mi cabeza a estas horas de la noche, si mañana ya no te voy a encontrar de la misma manera? ¿De que sirve encontrar las respuestas ahora? ¿De qué sirve pelear contra el destino, contra el tiempo, contra vos?
 Al fin y al cabo vamos a seguir estando asi. Vivos. Vos allá, yo acá.

domingo, 25 de octubre de 2015

Infinito

Todo comienza cuando menos pensabas que iba a pasar. Tal vez lo esperabas pero no en ese lugar, en ese momento, en esa mirada. Y te desconcertas. Te desconcertas porque todavía creías lento al tiempo para poder frenarse en aquel instante. En ese infinito instante. Porque sabes que imaginarlo fue maravilloso, pero sentirlo es aun mejor. Porque no hay nada más placentero que dos cuerpos encontrándose con sus calores bañados de alegría y ganas de sentir. Entonces te dejas llevar. Una mirada cálida, directa a los ojos. Un abrazo infinito. Una caricia en la espalda. En el pelo. Un beso. Una mirada, aún más confortable que la anterior. Y el silencio. Pero no es incómodo. Es de aquellos que alivian. De aquellos que te hacen sentir música brotando de tu cuerpo aunque en realidad no se escuche nada. Sentís los compases. Tus dedos se mueven a la son de ellos. Cerras los ojos. Ya no hay nada que pueda hacerte mal. La inseguridad se aleja de vos. Se derrumban tus paredes de la negación. Y solo te limitas a sentir aquella música que desprendía de vos. A descifrar que dice. Otra caricia. Tu mundo comienza a cambiar. Un beso. Se pone del revés. Sus almas se abrazan cada vez más fuerte. Se conectan. Y caen en dónde todas las almas cayeron alguna vez. En aquel pozo del que no muchas salen sin heridas. Pero no pueden detenerse. Ya no tienen control de ellas. Caen cada vez más rápido. Otra caricia. Tu mente se vacía. Solo se duerme, y se limita a sentir. A sentirse infinita. 

martes, 13 de octubre de 2015

Pasado

Lo veo entrar. No toca la puerta, pasa directamente. Me mira. Lo miro. Nos quedamos en silencio. Apoya su mano sobre mi hombro. Me susurra. Pero ya no tengo nada que decirle. Mis palabras se fueron con las lágrimas. Ya no están. Desaparecieron hace tiempo. O tal vez no. Tal vez sigan escondidas. Guardadas en aquel laberinto del que me es tan difícil salir. O tal vez las escondió él. Pienso. Y vuelvo a mirarlo. No lo veo claramente. Esta borroso. Arruinado. Olvidado. Cierro los ojos. Los abro. Lo repito varias veces. Nada cambia. Se aparta de mí. Cada vez se aleja más. Me paro. Lo persigo. Quiero intentar arreglarlo. Cambiarlo. No puedo alcanzarlo. Es inútil. Mis piernas se cansan. Mi corazón, también. Me detengo. Ya no lo veo. Se ha ido. Por fin, se fue.